Donde yo mismo acabe
Viernes
Pongo el despertador para las ocho y media, pero termino levantándome a las nueve. Aun así me da tiempo de preparar la bolsa de mano con lo imprescindible para pasar dos o tres días fuera. Desde el punto de vista climatológico, el día es una mierda; no estoy muy seguro de que el viaje - por breve que sea - llegue a término esta vez. Entre el trayecto que hago de mi casa a la plaza, ha venteado con fuerza, ha llovido, e incluso granizado. A las diez en punto tomo café en el Pazo; leo los periódicos y escribo un poco - entre otras cosas, doy inicio a este texto sin saber muy bien dónde va a acabar. Supongo que donde yo mismo acabe -. A y E han quedado en recogerme a las once frente al Casino. A la salida de la cafetería, me alegra comprobar que no me han robado el paraguas.
Llegamos al aparcamiento del Meliá a la una de la tarde, tras dejar el coche, comenzamos con el aperitivo. Concierto de los buenos en la sala Garufa. A esto hemos venido, a ver a Pancho Varona, primera voz y única guitarra. El espacio, antiguo cine Valle-Inclán, está repelto de gente. Por arte de Juan, conseguimos sentarnos en una de las primeras mesas. Entre canción y canción, entre patada y patada a su ex Sabina, Pancho relata de pasada su vínculo con la ciudad, la relación con los primos que tenía en no sé qué barrio, sus visitas a la Hípica, algo que le ocurrió en la playa de Riazor, y demás. “Sigamos siendo lentos porque así no nos va tan mal”; la frase, que se la dijo a él otro cantante, me pilla despistado, pero me hace gracia y la apunto para traerla luego - o sea, ahora - a esta página; reconozco que me hizo más gracia cuando la escuché que ahora que la transcribo. Me fijo en que todas las tías que corean estas canciones loando la vida bohemia e infeliz - “ yo no quiero un amor civilizado con recibos y escena en el sofá “ y cosas así - parecen estar casadas con un
director de banco. Cosa curiosa. Con dinero cualquiera puede jugar a ser un marginado. Cuando termina el concierto vamos al Antiguo - Plaza de Vigo -, regular de ambiente esta noche. Todo el mundo habla de Oliver Laxe, pero yo todavía desconozco quién es. Copas, hasta tarde.
Sábado
E y A, se van hoy. Desayuno cerca de las doce del mediodía en el nuevo Puerta del Sol y dedico media mañana a pasear la resaca y el dolor de rodilla que tengo por Coruña. Plaza de España, Plaza de Lugo, Juan Flórez... Voy pensando en el texto que me propuse componer el viernes, y con las imágenes que me van dando la realidad y la calle lo voy formando en mi cabeza; la fila de mujeres que hay en la puerta del Zara, el sin techo rodeado de gorriones, la minifalda de esa valiente que hoy quiso lucir pierna a pesar del clima, los avances en la obra del Parrote… Lo malo de escribir un texto por completo mentalmente es que luego es imposible llevarlo al folio. Dije alguna vez, a modo de explicación, que esto podría ocurrir porque el afán comunicativo que supone el telón de fondo de la literatura ya ha quedado satisfecho; creo que sigo pensando lo mismo, aunque ahora mi teoría me suena algo cursi. Cansado del dolor de cabeza, decido ir a curar los males del cuerpo al Sanín.
N se ha enterado de que estoy en la ciudad y me llama para invitarme a comer. Sopa de huesos de jamón, y tortilla. Me cuenta que la sopa se la enseñó a hacer su madre; de la tortilla no comenta nada, así que no le pregunto. Un menú muy apañado para lo joven que es. Te ha quedado un menú muy de abuela, ¿sabes? Vete a la mierda. N está preocupada porque cree que se le ha infectado el pircing y me lo enseña. Está perfectamente, así que prefiero quitarle importancia al asunto. Le pregunto si no le ha dolido cuando se lo hicieron y si le molesta cuando lleva sujetador. ¿Y por qué me iba a molestar? Menudas tonterías dices. A N, su pircing oculto le asalvaja un poco el pijerio y le favorece. ¿Y que te van a decir tus padres cuando te lo vean? Mira, perdona, pero es que a mis padres no les ando enseñando las tetas. N tiene un cuerpo
compensado y pequeño en medio de este color gris nube con el que ha pintado las paredes del salón.
Por la noche, fiesta en A Cunquiña. De vuelta en el piso, insomnio; contrapunto lógico de los excesos.
Domingo
Como estar en cama sin dormir es un tortura, me levanto y paso largo tiempo mirando por la ventana. Son las cinco de la madrugada y la calle está encendida de voces y juerga. Recojo el piso y hago la maleta. Desayuno en el Café Hispano, mucha gente; tal vez demasiada. Este sitio, por el nombre, siempre lo asocio con un lugar donde se cuida el uso de nuestro idioma, llegando a imaginarme en él a gente ilustre como Bioy Casares o Torrente Ballester discutiendo sobre el uso del lenguaje inclusivo; pero lo cierto es que aquí solo hay turistas y algún vecino tomando infusiones y chupitos de whisky. El tiempo que me queda antes de regresar a casa lo paso en la Calle Barcelona visitando a antiguos amigos de cuando viví aquí. Cruzando la Plaza de las Conchiñas, un tipo intenta atracarme; me pide de forma educada y algo nerviosa que le dé el dinero que llevo encima. Como en efectivo solo tengo dos euros, tras comprobarlo, me deja marchar; susto grande.
J y su novia me acercan a Cuatro Caminos, en agradeciendo al favor les invito a unas cañas en La Estrella - para variar, mal tiradas -. En los servicios de la estación de autobuses me encuentro con un anciano siniestro que me ofrece placer oral; era lo que me faltaba. Le agradezco el detalle, pero para que acepte, aparte de sobrarle cuarenta años, le hubiera faltado nacer mujer. Abrumado por los últimos acontecimientos, me subo a la tabla salva vidas que representa el bus y me quedo dormido nada más arrancar. Cuando llego a Corcubión, todo sigue igual; no palmó ningún vecino.
- Abraham Trillo. Escritor e Educador Infantil.
MÁIS ARTIGOS DE ABRAHAM TRILLO
- El alto
- Más niños aburriéndose.
- Modestia aparte
- Puerta del sol.
- Los edificios muertos de España
- O sea, lo mío.
- Profetas
- “La metamorfosis” o la resaca del alma
- La afinada justicia de Ramón Vigo.
- Lluvia.
- El hombre que supo masturbar a su guitarra.
- Antigos oficios.
- Preservativo, profiláctico, forro, goma, condón
- El Cautivo.
- “Las mujeres que lloran no saben mentir“
- María Pombo ou a mediocridade con filtro
- O oveiro.
- Help the Poor. Eric Clapton, B.B. King
- El joven y el mar
- Unha aperta
- Cen anos de saudade: Corcubión 1923- 2022
- Un pracer
- Vento.
- Ging tonic de campo
- Como comer un coño sen manchar o bigote
- Los ilusionistas
- Domingo.
- Pois iso.
- Antes que nada.
- Apagón.
- Semana Santa
- Urxencias.
- De alcaldesas, virxes, santas, secretarias, monxas e demais herbas que o campo nos dá nesta época do ano
- Cambio de hora.
- De pixama e bata.
- Tristana.
- Un gorrión sentimental.
- Dor de gorxa.
- Os bos polos e os polos bos.
- O novo Carrumeiro. O Carrumeiro de toda a vida.
- Bar Sanín, Dende 1954.
- Garganta con arena.
- Federico.
- Onde din Centro Recreativo Cultural digo Casino
- Escribindo tonterías.
- Ceevilla ten unha cor especial.
- Últimos días para Fin de Ano
- Jou, jou, jou.
- De Casares Quiroga a La Flor del Jamón pasando por Juan Carlos Monedero
- Aire!
- Merca o décimo e que che quiten o bailado.
- Álvaro Pombo existe.
- Vai por tempadas.
- Defuntos
- Amancio Prada e os que van con el.
- A apoloxista de Cortázar
- “A muller de ollos mouros e intensos”
- Voltar a Hemingway
- Viva la vida! Viva el amor!
- Polo amor de Fidel.
- Luns sen artigo... Ya se verá
- “Detrás de la niebla siempre hay algo”.
- Hastag #Xunqueira2024
- Mar de ardora
- Síguenos receitando.
- 240.
- Posta de (non) sol.
- Un delfín cachondo e duascentas oitenta e catro palabras
- Memorias de un mujeriego.
- Adnama.
- A comprar xenxibre.
- Habaneras de La Coruña
- Vivamos como galegos, pero soñemos como americanos
- Cen viños máis cen libros.
- Letras Galegas
- Escribir sen escribir.
- No tan Gotán.
- San Marcos de Corcubión. San Marquiños querido.
- Posible, hipotético, probable, suposto Manolo
- De Pla y María Dolores.
- Venres Santo.
- E o neno de Sanlúcar volveu brillar
- O Minotauro, Cela, e outros animáis fantásticos
- García Márquez